
[...]Cuando la vida te ofrece un sueño que supera con creces cualquiera de tus expectativas, no es razonable lamentarse de su conclusión.[...][...]Resultaba estupendo estar sola, no tener que sonreír ni poner buena cara; fue un respiro que me permitió contemplar a través del cristal de la cortina de lluvia con desaliento y derramar algunas lágrimas. No estaba de humor para una gran llantina. Eso podía esperar hasta que me acostara y me pusiera a reflexionar sobre lo que me aguardaba al día siguiente.[...][...]Mientras me enfrentaba a mi pálida imagen en el espejo, tuve que admitir que me engañaba a mí misma. Jamñas encanjaría, y no sólo por mis carencias físicas.[...][...] No sintonizaba bien con la gente de mi edad. Bueno, lo cierto es que no sintonizaba bien con la gente.Punto. Ni siquiera con mi madre, la persona con quien mantenía mayor proximidad, estaba en armonía conmigo; no íbamos por el mismo carril. A veces me preguntaba si veía las cosas igual que el resto del mundo. Tal vez la cabeza no me funcionara como es debido.[...][...]Èsa había sido siempre mi forma de ser. Adoptar desiciones era la parte que más me dolía, la que me llevaba por la calle de la amargura. Pero una vez que tomaba la desición, me limitaba a seguirla...Por lo general, con el alivio que daba el haberla tomado. A veces, el alivio se teñía con desesperación.[...][...]—Mañana va a ser más duro —prosiguió—. He tenido tu aroma en la cabeza todo el día y me he insensibilizado de forma increíble. Si me alejo de ti por cualquier lapso de tiempo, tendré que comenzar de nuevo. Aunque no desde cero, creo.—Entonces, no te vayas —le respondí, incapaz de esconder mí anhelo.—Eso me satisface —replicó mientras su rostro se relajaba al esbozar una sonrisa amable—. Saca los grilletes... Soy tu prisionero.[...]
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